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Curso imprescindible de traducción jurídica y económica

24/04/2013

«Huy, si esta vez no nos habla de coordinación.» No. Esta vez voy a hacer un alto en el camino de la coordinación para recomendaros un curso.

El año pasado, durante la jornada previa a la asamblea anual de Asetrad en Bilbao, conocí a Ruth Gámez y a Fernando Cuñado. Y lo cierto es que podría decir que fueron el gran descubrimiento de Bilbao. (En casi todos los «saraos traductoriles» a los que asisto, que cada vez son más, descubro a alguien interesante.) Hablamos de traducción jurídica, de coordinación, de asociacionismo y de otros asuntos que no vienen al caso. Y lo cierto es que conectamos bastante bien.

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Ruth Gámez y Fernando Cuñado

Al poco de volver de Bilbao, me llamó Fernando. Me contó que tenían un proyecto bastante grande al que no podían dar salida ellos dos solos. Por lo visto, tras la conversación que tuvimos sobre coordinación, pensaron: «¿Por qué no podemos hacerlo nosotros también?» Y, como mi especialidad también es la jurídica, yo fui la gran afortunada a la que llamaron para colaborar con ellos.

Puedo decir que trabajan muy bien. (No en vano, los dos son licenciados en Derecho.) A raíz de aquello, cuando he necesitado algún revisor jurídico, ¿a quién he llamado? A Ruth y a Fernando.

Ya son profesores: imparten clases en el máster en Traducción Jurídico-Financiera de ICADE (en su blog tenéis una entrada en la que hablan sobre ello)  y, como estos chicos no paran, ahora se han apuntado a una aventura más:

El próximo 7 de julio dará comienzo la primera edición de un curso en línea que darán sobre traducción jurídica y económica  de la mano de Cálamo & Cran. ¿Cuál es mi recomendación? Si te interesa la traducción jurídica, no pierdas esta oportunidad. Aprenderás de la mano de dos grandes de la traducción jurídica. Tal vez aún no sean muy conocidos, pero todo es cuestión de tiempo. ¿Cómo? ¿Qué aún no has visto el sitio web del curso? Y, ¿a qué esperas? Ah, que no sabes dónde está.

Eso tiene solución: haz clic aquí y te llevo.

Estos chicos van a arrasar. Ya lo veréis.

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Los fallos en las traducciones inversas de cara a los clientes

17/04/2013

El trato con los clientes (3ª parte)

Abril y aún no he publicado nada. He tenido el inicio de año con más trabajo de toda mi carrera profesional. ¿Crisis? ¿Quién habló de crisis? Eso pensaba yo en enero y febrero. Marzo ha ido flojo, pero me ha venido bien para descansar en Fallas y en Semana Santa. Y abril, pues también ha empezado flojo, es decir, que sí, que la crisis sigue ahí.

Bueno, vuelvo con los clientes. Esta vez para ver cómo tratar con ellos cuando no estén contentos con el trabajo que ha realizado uno de nuestros traductores de otros idiomas… y tengan razón. (Porque hay veces en las que no la tienen.)

¿Qué pasa si te llama un cliente y te dice que una traducción inversa que te ha encargado no está bien hecha? En principio no hay que tomar las palabras del cliente como algo cierto ya que corregir a un nativo no siéndolo es un acto muy temerario y atrevido. Si el cliente es español y el texto se ha traducido, por ejemplo, al alemán, lo que yo hago en estos casos es, en primer lugar, pedir amablemente al cliente que me muestre fallos concretos para que pueda trasladárselos al traductor y que así éste me dé una explicación. Después se lo comento al revisor —o al traductor, porque debemos tener en cuenta que hay clientes que prefieren «hacer» la revisión en plantilla— y le pido que, por favor, mire los supuestos errores y me diga si realmente son fallos o si no lo son.

Los fallos de vocabulario

Ahí pueden ocurrir dos cosas: que esos fallos sean reales o que no lo sean. En esta entrada voy a hablar de las ocasiones en las que el cliente tiene la razón. Si son fallos reales, tendremos que reconocérselo a la persona que nos haya contratado, pedirle mil disculpas, intentar que nos dé un poco de margen en lo que a la entrega se refiere para subsanar el error —excepto en los casos en los que vayamos sobrados de tiempo, que no suelen producirse muy a menudo— y pedir al traductor o al revisor que corrija el fallo. Si el cliente no es muy amable, habrá que lidiar con él lo mejor que podamos. Lo cierto es que la gente suele ser más comprensiva de lo que pensamos. Si el autor del fallo no puede hacerlo —o pensamos que no está capacitado para ello— tendremos que buscar a otro profesional para que arregle el empastre. «Pero, en ese caso habrá que pagar a esa persona», pensaréis. Pues sí. ¿Y, de dónde se paga eso? Pues, o de la tarifa del traductor o del revisor, o de nuestro bolsillo. Depende de la situación y de lo que hayamos acordado con el traductor o el revisor. Pero en ningún caso se le puede cobrar al cliente ya que el fallo no es suyo. Esto es uno de los riesgos de ser coordinador, que tienes que atenerte a las consecuencias de los fallos de los trabajadores a los que subcontratas. (Cosa que también deberían hacer ellos: hacerse cargo de los errores que cometan contigo.)

 

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Los fallos de redacción en general

¿Qué pasa si el cliente me dice que se trata de la redacción en general, que no le parece clara? Yo, en esa situación, antes de decirle nada al supuesto causante del fallo, llamo a un traductor alemán de confianza, alguien con quien ya trabaje y de quien me fíe, le cuento lo que me ha ocurrido, y le pido que por favor revise un fragmento de esa traducción. En ese caso le pago por horas, en un primer momento de mi bolsillo por si el traductor sí que es bueno; luego, si no lo es, se puede negociar con el traductor para descontárselo de su tarifa. También es cierto que, si hay buena relación, ese traductor puede hacerlo sin cobrarnos. A fin de cuentas, si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quién va a hacerlo? Pero eso es algo que debe salir de esa persona. Nosotros siempre tenemos que ofrecer pagar —y estar dispuestos a hacerlo si nos dicen que sí—. Personalmente, si a mí me llama en alguna ocasión un colega y me hace esa solicitud, yo no se lo cobro, pero eso depende de cada uno. Bueno, que me voy por las ramas. En caso de que me diga que la traducción está bien, yo le traslado al cliente lo que he hecho y le pido que me dé ejemplos para poder comentarlo con el traductor.

Pero, ¿y si está mal? ¿Y si realmente la redacción no es buena? Ay. Ahí es cuando tenemos que apechugar y coger al toro por los cuernos. Si eso ocurre, hay que contratar a un revisor y pagarle. Como hemos dicho antes, bien de la tarifa del traductor, bien de nuestro bolsillo, pero nunca a costa del cliente. A mí esto me ocurrió en una ocasión, y la verdad es que la traductora reaccionó muy bien y pagamos al revisor de su tarifa.

Hasta ahí tenemos los dos supuestos que de fallos de los que yo he sido «víctima»: de vocabulario y de redacción.

En la próxima entrada hablaremos de la parte «positiva» (por llamarla de algún modo) para nosotros de los fallos que encuentra el cliente, es decir, cuando el cliente no tiene razón.

 ¿Y vosotros? ¿Os habéis encontrado alguna vez en una situación similar? ¿Habéis tenido que lidiar con clientes que se quejaban, con razón, de fallos en la traducción? ¿Cómo habéis resuelto la situación?

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¡Feliz 2013!

26/12/2012

En fiestas siempre están los que cogen vacaciones para descansar y disfrutar de los amigos y de la familia, y los que aprovechan para hacer el trabajo que estos primeros rechazan. Yo este año voy a hacer un poco de todo. Trabajaré algún día, pero también descansaré.

No voy a contaros el balance de mi año, porque dudo que sea más interesante que el de Ruth Gámez y Fernando Cuñado o el de Isabel García Cutillas. Lo que voy a hacer es intentar descansar un poco, además de desearos unas felices fiestas y una entrada inmejorable del año nuevo. Y, como regalito, os dejo el mensaje que me mandaron con el plan que hicimos el 21 de diciembre unos cuantos amigos y también una sesión de cartas entre un pariente lejano y Papá Noel…

¡Y en fin de año me voy de viaje sorpresa, así que cerraré mi ordenador durante al menos 3 o 4 días!

Feliz 2013

¡Feliz 2013!

21 de diciembre de 2012 a las 06:00.

Chicos, os paso el horario de hoy para que estéis informados:
06:30 – Apertura del Fin.

07:00 – Lluvia de meteoritos.

08:30 – Llegada del primer tsunami.

10:00 – Bienvenida de los ovnis.

10:30 – Flashmob de ovnis al estilo de Gangnam.

11:36 – Comienzo de la Destrucción (subtitulada a varios idiomas).

12:00 – Eclipse y la alineación de todos los planetas del sistema solar.

12:00-14:00 – Comida

14:15 – Inversión de polos magnéticos de la Tierra.

15:00 – Supercalentamiento global.

16:30 – Inicio de la aniquilación de los terrícolas.

17:00 – Fusilamiento de Justin Bieber.

18:00 – Revelación de los alienígenas residentes en la tierra.

19:00 – Will Smith también muere intentando salvarnos.

20:00 – Reapertura del túnel entre el Taj Mahal y Machu Picchu.

21:00 – ¡PIZZA!

22:00 – Revelación del amigo secreto.

23:00 – Brindis.

23:30 – Fin del Mundo.

21 de diciembre de 2012 a las 06:45.

Chicos, se nos ha fastidiado el plan.

Fin del mundo

Fin del mundo

 

Correspondencia con Papá Noel.

Dear Santa,

How are you? How is Mrs. Claus? I hope everyone, from the reindeer to the elves, is fine. I have been a very good boy this year. I would like an X-Box 360 with Call of Duty IV and an iPhone 5 for Christmas. I hope you remember that come Christmas Day.

Merry Christmas,

Timmy Jones
* *

Dear Timmy,

Thank you for your letter. Mrs. Claus, the reindeer and the elves are all fine and thank you for asking about them. Santa is a little worried all the time you spend playing video games and texting. Santa wouldn’t want you to get fat. Since you have indeed been a good boy, I think I’ll bring you something you can go outside and play with.

Merry Christmas,

Santa Claus
* *

Mr. Claus,

Seeing that I have fulfilled the “naughty vs. Nice” contract, set by you I might add, I feel confident that you can see your way clear to granting me what I have asked for. I certainly wouldn’t want to turn this joyous season into one of litigation. Also, don’t you think that a jibe at my weight coming from an overweight man who goes out once a year is a bit trite?

Respectfully,

Tim Jones

* *

Mr. Jones,

While I have acknowledged you have met the “nice” criteria, need I remind you that your Christmas list is a request and in no way is it a guarantee of services provided. Should you wish to pursue legal action, well that is your right. Please know, however, that my attorney’s have been on retainer ever since the Burgermeister Meisterburger incident and will be more than happy to take you on in open court. Additionally, the exercise I alluded to will not only improve your health, but also improve your social skills and potentially help clear up a complexion that looks like the bottom of the Burger King fry bin most days.

Very Truly Yours,

S Claus

* *

Now look here Fat Man,

I told you what I want and I expect you to bring it. I was attempting to be polite about this but you brought my looks and my friends into this. Now you just be disrespecting me. I’m about to tweet my boys and we’re gonna be waiting for your fat ass and I’m taking my game console, my game, my phone, and whatever else I want. WHAT EVER I WANT, MAN!

T-Bone

* *

Listen Pizza Face,

Seriously??? You think a dude that breaks into every house in the world on one night and never gets caught sweats a skinny G-banger wannabe? “He sees you when you’re sleeping; He knows when you’re awake”. Sound familiar, genius? You know what kind of resources I have at my disposal. I got your ass wired, Jack. I go all around the world and see ways to hurt people that if I described them right now, you’d throw up your Totino’s pizza roll all over the carpet of your mom’s basement. You’re not getting what you asked for, but I’m still stopping by your crib to stomp a mud hole in your ass and then walk it dry. Chew on that, Petunia.

S Clizzy

* *

Dear Santa,

Bring me whatever you see fit. I’ll appreciate anything.

Timmy

* *

Timmy,

That’s what I thought you little bastard.

Sant

¡FELIZ 2013!

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Las consultas a los clientes

06/11/2012

El trato con los clientes (II parte)

Las consultas a los clientes sobre dudas terminológicas

Como AulaSic ya ha anunciado que mi entrada «promete tener continuación», no tengo más remedio que escribirla. De lo contrario, voy a quedar muy mal. :)

Volvemos por tanto con los clientes. Pero esta vez no hablaré sobre cómo tratarlos para conseguir su fidelidad; me centraré en cómo tratar con ellos para que no piensen que somos unos ineptos por tener dudas.

¿Qué ocurre cuando tenemos que preguntar al cliente sobre un término o una frase que no conocemos y no conseguimos descifrar? Si el cliente es una agencia, no debería suponernos ningún problema ya que ellos comprenden que los traductores tengan dudas pero, ¿y si es un cliente directo que no sabe nada del mundo de la interpretación? Ahí es cuando a muchos les entra el miedo. Y yo lo entiendo, aunque no lo comparto.

No hay que tener miedo a preguntar

Hay que pensar —y contar al cliente—, que el objetivo de la traducción no es superar un examen: es conseguir que el texto de llegada sea el que el cliente necesita.

Un conocido, cuando se enteró de que era traductora-intérprete jurada (ahora con número), me contaba que era una lástima no haberme llamado a mí para hacer la traducción jurada de sus títulos universitarios. Me decía que se la había encargado hacía un tiempo a otro traductor que había resultado ser malísimo porque le hizo preguntas sobre algunas de las asignaturas de su expediente académico. Yo le expliqué que eso significaba justo lo contrario; que implicaba el traductor se preocupaba por que su trabajo fuese bueno y prefería asegurarse de que tenía los términos de esas asignaturas complicadas correctos.

Si hacemos preguntas, no somos malos traductores

Hay clientes que, al ser ajenos al mundo de la traducción, piensan que si le hacemos preguntas es que somos malos traductores. Ahí tenemos la muestra de mi conocido: un señor culto, con estudios, un buen trabajo y que no sabía nada de nuestra profesión. En ese caso hay que explicarles que un traductor no puede saberlo todo y, si bien antes de ir a quien nos ha contratado debemos utilizar todos sus recursos para resolver el entuerto, existen ocasiones en las que, debido a la complejidad del texto, quien mejor va a resolver la duda es el cliente.

A veces da un poco de apuro, es cierto, pero os sorprenderíais al ver la cantidad de clientes que, una vez se lo explican, lo entienden perfectamente y ayudan muy amablemente al gestor (o al traductor) con las dudas que tenga. Todos nos hemos encontrado ante esa situación y, al menos al principio, nos ha costado hacerla, pero no debemos dejarnos amedrentar por la situación. Tenemos que lanzarnos. De lo contrario, nunca conseguiremos avanzar en nuestro trato con el cliente: no resolveremos bien esa duda y nos arriesgaremos a meter la pata y, en consecuencia, a perder al cliente.

No podemos saberlo todo.

¿Y si el consumidor de nuestro producto no es tan comprensivo? En ese caso, la cosa está más complicada. Habrá que tratarlo con más delicadeza y explicarle con amabilidad que los traductores no podemos estar especializados en todos los campos y que hay ocasiones en las que es normal que tengamos dudas que no podamos resolver.

Supongamos que el cliente es un abogado: se le puede explicar que, si los abogados se especializan en un campo (civil, penal, laboral, etcétera), porque no pueden estar lo debidamente bien preparados para todos, el traductor hace lo mismo, pero a en una escala diferente. El traductor se especializará en traducciones jurídicas, y es normal que le pueda surgir algún término que se escape a sus conocimientos y a sus recursos y, por lo tanto, tendrá que acudir al cliente para poder resolverlo.

Eso sí, todo esto hay que hacerlo con seguridad. No hay que dejar que el cliente piense que lo que le estamos diciendo no es propio de un profesional. Aquí hay que volver a aplicar la tónica de la firmeza amable. Es muy importante que al cliente le quede claro que es lógico que un traductor no pueda saberlo todo.

¿Y si a pesar de ser amable y explicarle las cosas con claridad, seguridad y firmeza no lo entiende y piensa que somos unos inútiles? En ese caso, poco puedo recomendaros yo. Bueno, una cosa sí: que hay que tener claro que eso no significa que seamos malos y que, si el cliente no vuelve a nosotros, aunque perdemos unos ingresos, también ganamos en tranquilidad ya que, ¿de verdad queremos trabajar para alguien que no respeta nuestro trabajo? ¿Vosotros lo haríais?

¿Habéis tenido alguno una experiencia similar?

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El trato con los clientes (I parte)

25/09/2012

La amabilidad, la firmeza y la seguridad.

Sé que Fede no habría querido ser el protagonista de ningún blog mucho tiempo: le habría dado apuro. Así que, aquí va la entrada que tenía preparada para después del verano donde hablaremos de clientes directos, los grandes desconocidos de los traductores que sólo trabajan para agencias.

¿Cómo se debe tratar a los clientes? Personalmente creo que con una mezcla de firmeza, amabilidad y seguridad.

La amabilidad y la seriedad no están reñidas.

El cliente busca tranquilidad en el proveedor de servicios. Quiere que se le facilite el trabajo al máximo y que el resultado sea bueno. No pide poco ni nada, ¿eh? Nosotros debemos proporcionarle eso a cambio de que él nos facilite también nuestra tarea, nos trate con respeto y, por supuesto, nos pague.

¿Qué debemos transmitirle? Confianza, seguridad y tranquilidad. Y todo eso con amabilidad, pero sin caer en la trampa de ser el pardillo al que todos toman el pelo. Para eso hay que demostrar que somos serios y firmes. Y, si no lo somos porque llevamos poco tiempo en este ámbito, pues nos lo hacemos. Fijaos, curiosamente aquí entran todas esas clases de interpretación de la universidad de las que, los que nunca os dedicaréis a ella, pensabais: «Otra vez interpretación. La mayor tontería del mundo ya que nunca voy a dedicarme a ello.» Pues, aquí es cuando os va a ser muy útil ya que os van a ayudar a aprender a ocultar los nervios. O, al menos, así lo veo yo. En clase tenías que hacer una interpretación en público y, si los profesores eran poco amables (algo que me ocurrió a mí con alguna profesora, especialmente con una de las tutoras del ya extinto Postgrado en Interpretación de Conferencias de la Universidad de Westminster), el nervio era mayor, así como la necesidad imperiosa de ocultarlo. Pues, ahí es cuando los traductores debéis aprovechar para sacar un beneficio de esas clases. Ahora es cuando podéis poner en práctica esas tácticas que tuvisteis que inventaros sobre la marcha para no transmitir el nerviosismo a los «malvados» profesores de interpretación.

Una de las maneras que hay para aprender a cómo tratar a los clientes es fijándonos en los demás. Se puede aprender: de los propios clientes directos, de las agencias, que también son clientes, y también de los traductores a los que contratemos. Otra manera es trabajando en una empresa, si es de traducción, como coordinador de proyectos, si es otro tipo de empresa, se aprende del trato que se tiene con los clientes y de cómo te tratan tu jefe y tus compañeros.

El cliente te llama, te pide un encargo, en unas décimas de segundo piensas en opciones para llevarlo a cabo. No tienes al traductor adecuado, pero conoces a quien te lo puede recomendar. El proyecto es, por tanto, factible. Por ahí se empieza. Le dices al cliente que sí, que no se preocupe por nada ya que tú se lo organizas todo.

Si le transmites tranquilidad y seguridad, ya te has ganado a medio cliente. Ojo, que luego tienes que demostrar que vales y que cuentas con profesionales competentes. Si consigues eso, probablemente te habrás ganado al otro medio cliente.

Esto hay que hacerlo con seriedad pero con un talante amable. Y todo es cuestión de fijarse en nuestro día a día. Cuando vamos a la panadería a comprar el pan, ¿qué preferimos, encontrarnos una cara sonriente detrás del mostrador o una cara de mal humor? Lo mismo ocurre si vamos a subcontratar a un traductor. ¿Preferimos uno atento, que nos trate con alegría y predisposición para realizar un buen trabajo o uno serio y parco en palabras que parezca una máquina? Recordad que nunca hay que olvidar que, detrás de la pantalla, hay personas, tanto en el caso de los clientes, como en el de los traductores.

Siempre es mejor mostrar una sonrisa que un semblante amargado o cabreado.

Si nos pasamos de amables, puede que piensen que no somos serios. Y lo mismo a la inversa. ¿Y hacia qué lado tiramos hasta que encontremos el punto medio entre esa firmeza y esa cordialidad? Hacia la seriedad. Ya iremos poco a poco encontrando la combinación adecuada de ambos.

Así que, ya sabéis: a coger una batidora y a mezclar la firmeza con la amabilidad. J

Continuará…

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@Federrom

20/09/2012

Tenía una entrada preparada para la vuelta del verano, pero se ha quedado en un segundo plano después de enterarme del fallecimiento de Federico Romero.

Federico Romero. Leer o escuchar esas dos palabras siempre me ha sacado una sonrisa… menos hoy. Hoy leer tu nombre me ha llenado de amargura, mi querido Fede. La tristeza me ha invadido. No me lo acabo de creer. Te has ido. ¡Qué injusto es eso!

Yo nunca te llamé Federrom. Aunque el nombre está muy acertado, a mí me gustaba más Fede. Es menos original, lo sé, pero para mí es más entrañable porque me recuerda a alguien que se llama así y que fue muy especial para mí durante mi infancia.

Te conocía de las asambleas de Asetrad y de otros «saraos» traductoriles. Desde el momento en que intercambié las primeras palabras contigo, me inspiraste un montón de ternura. ¡Qué delicia de hombre, por Dios! Juntaros a ti, a Laura Munoa y a Fernando Navarro daba un «subidón» impresionante.

Qué maravilla.
Congreso de Asetrad (Salamanca, 2008).

Hablar contigo era una maravilla: transmitías una sensación de tranquilidad gloriosa. Eras agradable, modesto a más no poder, y cauto, pero también decías las cosas; eso sí, de modo que no hiriese a nadie o por lo bajini, como cuando hablábamos en privado del sueldo de cierta persona (¡al final lo conseguimos!). Sólo con escuchar tu nombre, a mí ya me venía una sonrisa a la cara. Y, si, además, te veía, ya ni te cuento. De hecho, siempre que podía aprovechaba para charlar contigo.

¿Y sabes una cosa que me chiflaba de ti? Que, aunque ya no eras un niño, seguías manteniendo parte de esa inocencia que les caracteriza, y eso a mí me inspiraba mucha ternura. De hecho, se te veía en la cara: en esa expresión tan risueña que te caracterizaba. ¡Fede, eras tan «achuchable»!

Los fumanchús.
Asamblea de Asetrad (Madrid, 2006).

¿Te acuerdas del congreso de Salamanca de Asetrad? Yo iba de ponente en una mesa redonda y, durante mi turno y el de mis compañeros, salió un tema un tanto delicado. Me tocó a mí contestar a la persona que preguntó y, nada más terminar la ponencia, me fui directa a ti y a Laura Munoa en busca de vuestra aprobación. Sí, para mí eras una referencia en cuanto a hacer las cosas bien y, dada tu cautela, el hecho de que tú (y Laura, todo sea dicho) aprobaseis lo que yo había dicho, me llenaba de tranquilidad.

Qué grupo más salao.
Congreso de Asetrad (Salamanca, 2008).

Buscando en mis archivos, he visto el mensaje que mandé a la Fundéu hace dos años. Yo estaba convencida de que «fallera mayor» se escribía con minúscula inicial, pero unos compañeros me hicieron dudar, así que aproveché un artículo de la Fundéu sobre las Fallas para preguntarles. Qué sorpresa más grata me llevé cuando me contestaste tú.

Tan modesto como siempre, entre otras cosas, me decías:

«Hola, Luisa. Soy Federico Romero.

Aunque apenas me atrevo a discutir contigo sobre fallas y falleras ;-) , el cargo, en efecto, se escribe con inicial minúscula, pese a la tendencia que todos tenemos a mayusculizar lo que nos parece especialmente importante.»

¿No te atrevías a discutir conmigo sobre las Fallas? Sí, yo soy muy fallera, ¡pero estaba ansiosa por aprender de ti! Qué mono eras.

Asamblea de Asetrad (Madrid, 2009).

 [Me falta la foto de 2011, pero no la encuentro. La pondré cuando aparezca. Y las anteriores a 2006 se las comió un virus.]

La última vez que nos vimos fue el año pasado en la asamblea de Asetrad, que se celebró aquí, en Valencia. ¿Te acuerdas del domingo? Fuimos a comer Laura Munoa, tú y yo a una zona arbolada de mi ciudad a la que os llevé. Yo pasaba por un momento difícil, y tú y Laura me ayudasteis un montón. Hablar con vosotros era tan reconfortante. Lo cierto es que fue una comida muy agradable. Cuando os dejé en la estación de tren, me quedó una sensación agridulce: agria porque os habíais ido; dulce porque veros a ti y a Laura suponía un atracón precisamente de eso, de dulzura. Y todo esto sin saber que iba a ser la última, porque este año nos fallaste en Bilbao.

La noticia me ha trastocado. Pensar que ya no te voy a volver a ver en ningún «sarao» traductoril me llena de tristeza. ¡Che, Fede! ¡Menuda faena nos has gastado! :(

Cuando murió mi padre (que, por cierto, también en esa ocasión me mandaste tu cariño), mi hermana dijo: «Hay un ángel más en el cielo».

Ahora hay dos.

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«Aprovechando» la crisis

13/07/2012

¡Caray! Dos entradas en diez días. No, no me he vuelto loca; es lo que tiene el verano, que hay menos trabajo (al menos en mi caso). Así que, allá vamos con otra entrada. Esta vez atacaremos a esa gran enemiga nuestra:

La crisis.

Crisis, crisis, crisis. Todos hablamos de la crisis. ¿Cómo no vamos a hacerlo si nos está «quitando» clientes? La muy… Y es que, cuando la necesidad aprieta, los servicios (traducción, diseño gráfico, bricolaje, etcétera) son los primeros que se van al traste. «¿Que me tengo que gastar 200 euros en traducir esta carta al alemán? Nada, nada. Mejor que lo haga mi secretaria, que habla inglés y mi cliente también entiende ese idioma.» ¿Cuántas veces habremos oído esto? Y, si lo pensamos, en parte es normal. Si el cliente lo que quiere es que el mensaje le llegue a su cliente extranjero, ¿por qué no va a recortar por ahí? Visto de otro modo, ¿cuántos de nosotros nos hacemos la página web para ahorrarnos el dinero que cuesta ese servicio? ¿Y cuántos, en tiempo de bonanza, no hemos dudado en acudir a un diseñador? Pero no hay que pensar: «Así van las cosas, si no dejan el trabajo a profesionales, ¿cómo va a salir bien?». Al final de la historia, el cliente alemán no va a hablar inglés como Shakespeare y entenderá el mensaje, que es lo que les interesa a ambas partes.

Internacionalización.

En lugar de eso, hay que buscar clientes fuera. La crisis nos obliga a ponernos en contacto con empresas de Inglaterra, Francia, Alemania, Australia, etcétera. Algo que normalmente no habríamos hecho en otras circunstancias. Aprovechemos pues que la situación en nuestro país está mal para sacar beneficio de otros países. Así, además de conseguir un sueldo digno, aportamos riqueza a nuestra tierra.

¿Qué más tiene de positiva la crisis para nosotros? Que, al igual que nosotros, muchas empresas están internacionalizándose. Al no haber trabajo en España, tienen que buscar clientes en otros sitios. ¿Y esto qué implica? Que salen a buscar clientes al extranjero. Para suerte nuestra, el nivel de idiomas en España es tan vergonzoso que muchas de estas empresas no tienen un nivel excesivamente elevado y necesitan a alguien que les traduzca e interprete. Así que, ahora es el momento de llegar a todas esas empresas y ofrecerles vuestros servicios. ¿Cómo podemos hacerlo? La mejor opción que se me ocurre es de manera directa. Recordad que los clientes directos ofrecen mejores tarifas. Eso sí, tened cuidado con las tarifas. No las bajéis demasiado con la «excusa» de la crisis ya que, subir de0,10 a0,11 euros es más fácil que de0,07 a0,11 euros. De tarifas hablaremos otro día, pero la de 0,10 euros por palabra debería ser la tarifa mínima de traducción simple (sin revisión) para el cliente directo.

«Sí, claro, como si fuese tan fácil.» Nadie dijo que fuese fácil, pero lo cierto es que, si quieres tener una tarifa digna, tienes que salir a la calle.

¿Qué tipo de clientes pueden solicitar esos servicios? Por ejemplo, constructoras. «Huy, sí, como que me voy a ir al sector de la construcción, que es el que peor está.» Cierto, pero ellos son los que más necesidad tienen de salir al extranjeros y, creedme, para una empresa que hace una licitación de un proyecto de, por ejemplo, 5 millones de euros, gastarse 1000 euros en una traducción no es dinero.

Hay que buscar clientes internacionales o que trabajen con otros países.

El cobro de esos proyectos.

Eso sí, hay que tener mucho cuidado con el cobro de esos proyectos. Yo, por desgracia, lo aprendí a base de palos. En los proyectos grandes, o se cobra la mitad antes de empezar y la otra mitad al terminar (antes de entregar) o, al menos, se cobra todo antes de entregar. Que no os dé palo. Más vale perder un proyecto de 2000 euros que perder 2000 euros trabajados.

La construcción y otras empresas.

A mí la construcción me ha salvado el invierno. Si bien es cierto que en mi caso era traducciones juradas porque mandan licitaciones al extranjero y esas deben ir juradas, también vosotros podéis gestionarlas. No ganaréis tanto como si fueseis el traductor, pero tampoco trabajaréis tanto y podréis buscar más clientes. Además, no es el único tipo de empresas que está saliendo fuera. Yo os menciono a las constructoras porque son las que me han funcionado a mí, pero las hay de todo tipo.

Todo es cuestión de buscar así que, aprovechando que estamos en verano, poneos las gafas y ¡a bucear en el mar empresarial!

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